sábado, 14 de febrero de 2009

Algunas cosas no cambian

Hoy hablé contigo y se me vinieron a la mente todas las tardes en las que descargabas tu ácido mundial conmigo, y recordé que me acostumbré a los golpes, claro que siempre había un día en el que yo explotaba, lloraba, te sentías culpable y empezábamos de nuevo...maleteo, costumbre, llanto...

También recordé un mensaje que alguna vez enviaste, en donde decías que yo hacía posible tu vida en ese lugar en el que nos conocimos. Gracias a ese mensaje me tranquilicé una noche en la que me dio un ataque de llanto pensando en que cuando decías que me vida era miserable -no con esas palabras claro- era realmente cierto.

Hoy hablé contigo y me puse a llorar, me salté todo el orden y ya no hay oportunidad de hacerte sentir culpable, ni el volver a comenzar, solo estas letras. Lamentablemente ya no tenemos oportunidad de enterarnos de lo que pensamos y yo sigo esperando que vengas a hacerme compañía. Sabes de sobra que desde que te fuiste la soledad no deja de rondar mis días, y que hago todo lo posible para no hundirme en la miseria de esos mis días que tanto criticas. Me dejas completamente sola, he tenido que aprender a sobrevivir y lo único que haces conmigo es juzgarme, juzgar mis miedos, mis aventuras, mis logros. Cuestionas todo lo que hago -como en los viejos tiempos- pero siempre te quedas del otro lado del río.

Sé de memoria tu acidez y por eso fuerzo estas letras para poder terminarlas. No quiero atormentarte con la novela, esa que tanto me gusta.

Saludos a tu amigo Valentín.









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