Sí, me gusta, creo que así es. Y pensar que tú me lo enseñaste, y ahora me lo sacas en cara. Está bien, necesitamos de alguien que nos diga nuestras verdades de vez en cuando...El problema contigo -y obviamente conmigo- es que siempre me dejas pensando.
Me gusta el látigo, flajelarme hasta desmayar y me diagnostiquen subsidios por incapacidad temporal, esa es mi meta, todo para no tener que verte la cara nunca más y así poder morir en paz. Ya empecé otra vez, ¿lo notaste? Lo olvidaba, tú casi nunca notas algo, y a mí siempre me toca la parte del nunca. Me gusta el látigo, ¿cuál es el problema? ¿Qué hay si siento que es mi manera de pagar todos mis pecados?
Me gusta, pero no tiene gracia sin tus amenazas, por eso me aburro fácilmente y busco algo para torturar mis emociones hasta que estallo en llanto -o en letras, como prefieras-.
Todo sería mejor si no me quedaran marcas por cada golpe que me doy. Sinceramente: odio recordar las cosas tristes, incluidas las/tus ausencias.
Dulces sueños.
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