Nunca te había escrito, al menos no en público. Nunca había aceptado en mi pantalla que me desestabilizas, sí, lo haces, totalmente. Nunca analicé por qué tiemblo cada vez que me paro frente de ti a decirte algo y aun no puedo creer que, siendo lo que eres, llegues a afectarme tanto, ridículamente tanto.
Llevo a tu lado casi tres años, de los cuales pensé que el aprendizaje, el curso intensivo de tus ideas y “forma de ser” ya había culminado y que los golpes y estrelladas que me di(ste) en el camino sería suficientes para vivir en paz, pero me equivoqué. Hoy recordé lo triste que es llorar por tu culpa, y lo muy placentero que se siente decir que te detesto, aun en el fondo de mi ser, muy pero muy escondido, tú y yo sabemos que no te quiero.
Lo siento, aun no sé perdonar que me hagan llorar. Estas letras van para ti, aunque ya sé que no te las merezcas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario