Siempre me ha gustado el café. Olfateaba el olor en las miles de tazas que bebía mi padre cuando yo era una niña y reboloteaba alrededor de él haciéndole cosquillas con mis preguntas. Hoy, veintiséis años [y unos meses más] después, lo disfruto acompañado de un cigarrillo [que poco a poco intento dejar]. Pero hoy, extrañamente, me gusta un poco más, bastante más digamos.
Vengo decidida a escribir[te] en mi blog desde hace un buen tiempo, pero por alguna extraña razón que estoy tratando de interpretar, no me animaba del todo. Seguramente me sentía culpable de intentar escribir[te] y sacarle la vuelta a la tesis; o, lo que es peor, nunca tenía un lapiz y papel a la mano cuando estaba realmente inspirada para hacerlo, claro, escribir en tissues mojados de lágrimas es imposible.
Pero bueno, hoy he vuelto al capuccino y al cigarrillo, con nueva compañía [muy buena demás] y decidí retomar mis letras.
Haciendo un repaso por mis letras, últimamente venía hablando de las despedidas y los regresos, y claro está, de mi nuevo amor, el único amor diferente que he tenido, de esos que reniega Sabina en sus canciones: amor sin espinas. Me encanta, aunque no puedo dejar de decirte que la nostalgia hace añorar un amor diferente, éste, me encanta, por lo menos el 99% de tiempo. El otro porciento lo dejo para mi soledad que todavía no me abandona de todo.
Desde que volvíó M, todo ha sido diferente, muy divertido e incluso con una felicidad calmada. Tenías razón, tarde o temprano volveríamos a ser las de antes, juntas, con proyectos [distintos proyectos, distintos caminos, pero involucradas finalmente]. M volvió de improviso, de sorpresa, y me encantó, lo sabes. M querida, seguramente leerás esto, hace mucho que no te digo que te amo. Te amo.
Mientras tú, que vuelves sin avisar, sin pedir permiso para entrar otra vez en mi día a día –ya sé que prometí no tocar nunca más el tema pero tienes que comprender, me había prometido escribir[te]. Pero no te voy a culpar de nada, lo que tenía que decir, te lo dije en tu cara, con un poco más de alcohol que de costumbre pero te lo dije, claro que luego me quedó el sentimiento de culpa todo el día siguiente [esas resacas al espíritu son las peores]. Mi querido Comandante, siempre serás mi amigo fiel, tengas puesto el título que tengas, en el fondo te confieso [muy pero muy en el fondo, no te emociones] me gusta la idea de que supervises lo que hago [permíteme que me sonría!].
Y también me voy a permitir contarte que extraño a un par de amigos más, un par de locos que compartían las mismas pastillas para estar cuerdos en horario de oficina. Extraño sus mensajes en mi pantalla, pero me alegra saber –porque de alguna manera lo he sabido- que ambos están bien.
Debo decir, que me siento bastante feliz, bastante cansada, pero feliz. Los retornos siempre traen emociones violentas y miles de recuerdos, por supuesto. Los amo, de verdad, este café va por ustedes, mis amigos y mis héroes de sus propias batallas, siempre son bienvenidos en mis días.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario